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El Arte, el producto del genio kantiano

Baeumler declara que el anillo de conjunción histórico entre racionalismo del siglo XVIII y la filosofía irracionalista de la vida, del siglo XIX, está representado por la filosofía de Kant, considerada desde el punto de vista de la estética. De hecho, la estética Kantiana, en cuanto específica fase de constitución de una filosofía de la historia finalizada a la definición de las matrices teoréticas fundamentales del pensamiento moderno, Baeumler la reconduce al concepto de “individualidad” que ésta expresa. Tal concepto representa el sentido más auténtico de la Crítica del Juicio, en cuanto asume en si las teorizaciones del Juicio estético y del Juicio teleológico los cuales constituyen, respectivamente, las dos sesiones de la obra kantiana. El método de la crítica realiza la posibilidad del conocimiento más pleno del individuo.1

La Crítica del Juicio viene presentada como el resultado más extraordinario de la nueva “clasicidad romántica” en cuanto exprese “il concetto dell’armonia, il legame fra la filosofía organica della natura e l’arte e la fondazione della scienza storica mediante la giustificazione critica del concetto di scopo”2.

La reflexión estética no nació con la aparición del arte sino con la de lo bello, pues con la reflexión platónica acerca de la relación entre eros-belleza, de otro lado, Aristóteles no fundó una doctrina de la belleza sino del arte. El diálogo y la controvertida comparación dialéctica entre estas dos componentes permitieron el definirse del problema estético.3

Lo bello, lo sublime y el arte constituyen y caracterizan la primera sesión de la celebérrima obra kantiana, la Crítica del Juicio, la sesión, evidentemente, relativa al Juicio estético. Sin entrar en el mérito de la obra, además de las determinantes aportaciones teóricas a propósito de la dimensión del Juicio, término medio entre intelecto y razón que debe contener un principio a priori puramente subjetivo4 y que permite al sujeto de juzgar sin caer en un relativismo radical, y de las definiciones acerca de lo bello (Analitica del bello) y de lo sublime (Analitica del sublime), es muy interesante la teoría kantiana acerca del arte, uno de los dos polos de la estética.

A este propósito es inevitable mencionar la concepción aristotélica acerca del arte. De hecho, Aristóteles considerado el precursor, fundador de la doctrina del arte, en su explicación estética ontológica del mundo, distingue la obra de arte a todos los productos naturales en cuanto su existencia es precedida por una imagen, por un proyecto presente en el alma de quien la produce. El productor y lo que viene producido son afines, la diferencia entre los productos de la naturaleza y los del arte es que lo que ocurre por naturaleza tiene su propio principio en sí mismo, en cambio, el propio principio de lo que sucede por arte reside en el producto. El filósofo antiguo declara que el arte o obra lo que la naturaleza no logra conseguir o la imita. El hombre, pues, logra deleito en las hábiles imitaciones como la poesía que Aristóteles define como la imitación de la naturaleza, pues, la unificación de techne e poiesis, que describe el mundo real. En la Poética, Aristóteles, a través de la definición de la tragedia, confirma su teoría mimética.5 El artista es un especie de demiurgo que produce una realidad más bella de la de la naturaleza, de tal manera, la imitación es una fuente de conocimiento y de placer y está por encima de la realidad.

De manera análoga, Kant distingue el arte de la naturaleza, en cuanto los resultados de la primera se diferencian de los de la segunda, pero, el filósofo alemán declara que el arte es la producción mediante la libertad, pues a través de una voluntad que pone la razón a fundamento de sus acciones y, en cuanto habilidad del hombre, se distingue también de la ciencia y del oficio. Kant declara que cuando la finalidad del arte es el inmediato sentimiento de placer es estética, pues, es arte bella cuando su finalidad es la de combinar el placer a las representaciones como modos de conocimiento, es agradable cuando quiere acompañar el placer a las representaciones en cuanto sensaciones.6

Fundamental en la concepción del arte en cuanto bella es el concepto de genio “è il talento (dono naturale), che dà la regola all’arte”7 y en cuanto el talento es una facultad innata del artista, pertenece también a la naturaleza, así pues, el genio resulta ser la disposición innata del ánimo por la que la naturaleza regla el arte. Kant sigue explicando que el arte bella no es un producto determinado por reglas, de tal manera, es la naturaleza a dar la regla al arte en cuanto producto del genio. La originalidad es la principal propiedad característica del genio en cuanto es el talento que produce lo que no es determinado por unas reglas. Sus productos no creados a través de la imitación, deben ser modelos ejemplares que sirven a los demás como medida y regla del Juicio. Además, el filósofo puntualiza que la palabra genio deriva de genius que significa el espíritu propio del hombre que le ha sido proporcionado con el nacimiento, pues lo protege, lo dirige y a través de cuya inspiración derivan aquellas ideas originales. El genio se opone al espíritu de imitación, el artista no imita, no copia sino que sigue los modelos, las bellas artes, que son el único medio que transmite el arte a la posterioridad.8

Por lo que concierne la segunda parte acerca de la concepción kantiana del arte, el filósofo introduce la necesidad del concepto de gusto en cuanto fundamental para juzgar los objetos bellos como tales, producidos por el genio que es la unión de las facultades del ánimo de imaginación e intelecto. El genio obra, representa, expresa las ideas estéticas y su producto es para otro genio no un modelo ejemplo de imitar sino de seguir, pues despierta en el otro genio la originalidad y lo empuja a ejercer en el arte su independencia de las reglas. El gusto y el Juicio en general son las disciplinas del genio, así pues, las bellas artes exigen imaginación, intelecto, ánimo y gusto.9 Kant sigue su obra diferenciando los tres tipos de bellas artes y concluye su reflexión acerca del Juicio estético afirmando que la belleza es símbolo de la moralidad.

La teorización estética del arte kantiana implica una teorización previa de los conceptos de lo bello y lo sublime que el filósofo describe en las homónimas sesiones que constituyen la primera parte de la obra. Una obra artística que parece ejemplar en cuanto emblema de los conceptos cardinales de la estética kantiana es El caminante sobre el mar de nubes del autor romántico Caspar David Friedrich. El talento innato del genio romántico describe a un viandante, inefablemente, contempla aquello espectáculo natural que se halla frente de su mirada. Es bello en cuanto es la exhibición de un concepto indeterminado del intelecto, en cuanto bellos son los múltiples objetos de la naturaleza y cuyo principio se debe buscar afuera de nosotros. La belleza de la naturaleza incluye una finalidad, a través de la cual, el objeto parece haber sido predeterminado por nuestro Juicio y la consiguiente comprensión resulta muy simple.10 Es sublime en cuanto el sublime se puede encontrar en un objeto desprovisto de forma, en cuanto exhibición de un concepto indeterminado de la razón. El sentimiento del sublime es un placer que surge indirectamente, es un placer de maravilla y estima, pues merece de ser considerado como placer negativo. La naturaleza suscita las ideas del sublime en sus caos, en su salvaje desorden y en la devastación. El sublime no desvela algo finalístico de la naturaleza en sí, hay que buscar el principio en nosotros mismos y en la manera de pensar que rinde sublime la representación de la naturaleza.11

El sentimiento del sublime es un sentimiento de displacer que surge de la insuficiencia de la imaginación en la valoración estética de las grandezas con respecto a la valoración de la razón.12

En la visión kantiana la naturaleza para ser juzgada dinámicamente sublime, debe ser representada en cuanto suscite temor. 13

Le rocce che sporgono audaci in alto e quasi minacciose, le nuvole di temporale che si ammassano in cielo tra lampi e tuoni, i vulcani che scatenano tutta la loro potenza distruttrice, e gli uragani che si lasciano dietro la devastazione, l’immenso oceano sconvolto dalla tempesta, la cataratta di un gran fiume, ecc., riducono ad una piccolezza insignificante il nostro potere di resistenza paragonato con la loro potenza. Ma il loro aspetto diventa tanto più attraente per quanto più è spaventevole, se ci troviamo al sicuro; e queste cose le chiamiamo volentieri sublimi, perchè esse elevano le forze dell’animo al disopra della mediocrità ordinaria, e ci fanno scoprire in noi stessi una facoltà di resistere interamente diversa, la quale ci da il coraggio di misurarci con l’apparente onnipotenza della natura.14

Las analogías comparables entre los conceptos cardinales de la estética kantiana y la obra artística del romántico Friedrich son el fruto de un Juicio estético personal y, de acuerdo a las teorías kantiana, el principio de este Juicio es meramente subjetivo.

Vittoria F. M. Dubini

1 BAEUMLER, Alfred (2009): Estetica e annotazioni sulla teoria dell’arte, Milano, Edizioni Unicopli. Presmessa, LACCHIN, Giancarlo, pág. 12-13

2 BAEUMLER, Alfred (2009): Estetica e annotazioni sulla teoria dell’arte, Milano, Edizioni Unicopli. Presmessa, LACCHIN, Giancarlo, pág. 16

3 BAEUMLER, Alfred (2009): Estetica e annotazioni sulla teoria dell’arte, Milano, Edizioni Unicopli. Presmessa, LACCHIN, Giancarlo, pág. 23

4 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 23

5 BAEUMLER, Alfred (2009): Estetica e annotazioni sulla teoria dell’arte, Milano, Edizioni Unicopli, pág. 83-91

6 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 283-291

7 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 291

8 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 291-297

9 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 299-317

10 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 159-163

11 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 159-163

12 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 187

13 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 193

14 KANT, Immanuel (1997): Critica del Giudizio, Roma-Bari, Laterza, pág. 195

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