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El espíritu barroco y pesimista dentro del Buscón don Pablos

Retrato de Francisco de Quevedo, atribuido a Velázquez. Extraído de Wikipedia

Retrato de Francisco de Quevedo, atribuido a Velázquez.
Extraído de Wikipedia

“Las mejores piezas de Quevedo existen más allá de la moción que las engendró y de las comunes ideas que las informan. No son oscuras; eluden el error de perturbar, o distraer con enigmas…Son… objetos verbales, puros e independientes como una espada o un anillo de plata.” J. L. Borges

El buscón de Quevedo es uno de los más grandes ejemplos del popular género, conocido tanto nacionalmente como internacionalmente, de la novela picaresca del Siglo de Oro español. Su problemática viene dada no solo por el estilo conceptista típico del autor, que dificulta a la vez que enriquece la lectura, sino también por su intención y sentido, dado que ha suscitado una gran cantidad de teorías y exégesis. En este trabajo, más que hablar sobre el estilo o las distintas lecturas, se profundizará en el espíritu pesimista tan característico del Barroco que empapa la obra.

La literatura de Quevedo se ve impregnada por elementos claramente propios del barroco, como la ingeniosa ironía, los juegos de palabras típicos del conceptismo… Pero siempre teniendo la originalidad y su estilo inimitable por delante. Como dice Spitzer, el inquebrantable sentido de realidad que presenta puede transformarse en disposición a la transcendencia (1978: 123), es decir, que los hechos que se acontecen tienen una vinculación con lo transcendental, se abren camino para mostrar sobretodo “la no coincidencia entre apariencias y realidad, la falsificación, la inadecuación de teoría y práctica, la frustración de una expectativa” (Ynduráin 2012: 55).

La forma en que se ven más resaltados estos conceptos es a través de las vivencias del joven pícaro, al que la vida no le para de crear penurias. Pablos es hijo de ladrón y de bruja, es decir, que nació dentro de la clase más baja posible. Esta condición hará que, a pesar de las duras luchas por subir de rango, el destino lo lleva otra vez a caer en la desgracia. Esto se puede comprobar, por ejemplo, en la caída de su potrillo en el barro, la vida en la casa del clérigo Cabra… Con esto se puede decir que (Juan Luís, 2009: 238):

“Mientras Pablos y sus secuaces se mueven en la esfera que les corresponde, la de los pícaros y rufianes, todo les va bien, aunque roben, blasfemen, engañen o incluso maten. El problema surge cuando quieren aparentar y entrar en un mundo que no es el suyo.”

Es por eso que después de todas las mentiras, robos y falsos alardes que comete al final acaba en la desgracia y ruborizado, ya que está destinado a no salir del estamento al que pertenece y por mucho que luche no lo conseguirá; un ejemplo es el episodio en que finge ser un noble e intenta casarse con doña Ana pero al final acaba apaleado. Todos estos hechos conllevan un “humor macabro” y frustrante que se va repitiendo a lo largo de toda la obra (Spitzer, 1978: 127). En palabras de Quevedo: “cuando comienzan desgracias en uno, parece que nunca se han de acabar, que andan encadenadas, y unas traen a otras.” (2009:51)

Otro elemento que hace a la obra un tanto grotesca son las descripciones hiperbólicas de los personajes, en las cuales estos son comparados con cosas aparentemente alejadas de cualquier relación en común, como la descripción de Cabra. Así, la descripción ingeniosa expresa la problematización de lo aparente, la falacia que nos muestran los sentidos, de la ilusión. Estas comparaciones tienen algo del no-ser, cosa que demuestra que todo son apariencias (Spitzer, 1978: 143-145). También se puede comprobar este hecho en las apariciones de seres aparentemente nobles que al final por sus actos demuestran lo contrario, como el caso del poeta frustrado, el caballero fracasado… A través de los juegos de palabras y antítesis del autor se puede notar cómo los desenmascara de una forma cruel, irónica y desencantada: “Unos nos llamamos caballeros hebenes; otros güeros, chanflones, chirles, traspillados y caninos” (Quevedo, 2009: 119). Es por esto que se ha visto al Buscón como el “desenmascaramiento de lo ilusorio del obrar humano” (Spitzer, 2010: 129).

A la vez, elimina todo rastro de humanidad en sus figuras, con lo cual “apenas se puede encontrar un solo gesto de ternura, de amistad desinteresada; en una palabra, de compasión” (Luís Rodríguez, 2009: 245). A fin de cuentas, todos los personajes luchan por una vida mejor y eso les lleva a competir entre unos y otros, una idea muy relacionada con el homo homini lupus, de modo que todos sus compañeros de viaje acaban contra él (Spitzer, 1978: 126).

En cuanto a los personajes existen dos tipos: los cándidos ilusionistas y quijotescos que creen dominar la vida con una supuesta especialización, como el matemático esgrimista o el ya dicho poeta, y los desengañados de sí mismos, los cuales quieren fingir bellas apariencias pero no pueden y acaban demostrando lo que son, como el caso del hidalgo pobre (Op. cit.: 129).

Como se ha podido demostrar a través de la caracterización (y caricaturización) de los personajes y actos que cometen, El buscón no solamente trata aspectos típicos de la novela picaresca, sino que se puede encontrar una ideología en sus palabras, las del autor al fin y al cabo. En palabras de Spitzer, lo que nos ha querido demostrar el autor en su obra, su más supremo arte, es “la tensión barroca entre afán mundano y huida del mundo” (Op. cit.: 127).

Como hemos visto antes, la obra picaresca de El buscón está empapada de ese espíritu despierto que era el de la ilusión de la vida, la hipocresía que hace de la mentira una aparente verdad, el destino ineluctable, la lucha eterna del ser humano contra sí mismo. De esta manera podemos decir que Quevedo era un auténtico hombre barroco, un hombre con una visión escéptica y desengañada de la vida. ¿Pero por qué es un buscón? “Preguntó por los amigos, y respondió que habían ido a buscar” dijo Quevedo (2009: 129), es decir, habían ido a buscarse la vida porque es eso lo que hace Pablos continuamente, pero sin un destino fijo, sin un objetivo que perseguir durante toda la novela; lucha simplemente por sobrevivir sin rumbo, como cualquier persona.

Sergi Saranga Reguera

Bibliografía

 

Quevedo, Francisco, Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, 2009 (1626-1634), Santillana Ediciones Generales, Madrid.

Rodríguez, Juan Luis, Estudio del Buscón, Quevedo, Francisco, Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, 2009 (1626-1634), Santillana Ediciones Generales, Madrid.

Ynduráin, Domingo o Lázaro, Fernando, Introducción, Quevedo, Francisco, La vida del Buscón, 2012 (1626-1634), Catedra, Madrid

Leo, Spitzer, “Sobre el arte de Quevedo en el ‘Buscón’”, extraído de: https://historiadelaliteratura.files.wordpress.com/2010/12/leospitzer.pdf

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