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La Revolución Sandinista (I): América Central y Estados Unidos

Fotografía de Ronald Reagan con la camiseta "Stop communism Central América" Extreta de The Daily Beast

Fotografía de Ronald Reagan con la camiseta “Stop communism Central America”
Extreta de The Daily Beast

La revolución de Nicaragua no es un punto rojo y aislado de América Latina: para la sorpresa global, sobre todo de Estados Unidos, y para muchos ojos ajenos sobre el asunto “surgió de la nada” una serie de movimientos insurreccionales, basados en la lucha popular, que se dispersó por toda América Central. No era una zona cualquiera, en ella los asientos de la política estaban ocupados por militares de alto rango. Algunos de los más ejemplares eran el Salvador, que acabó en un golpe de estado por una serie de militares “moderados” por el octubre de 1979, para evitar la revolución; Guatemala, que después del fracaso de los 60 resurge con una fuerza militar y un gran apoyo de la población que preocupó gravemente al general Lucas García; y Panamá, donde el general Omar Torrijo se abanderaba la reivindicación nacionalista, que cumplió su clímax en la recuperación del Canal (seguirá en posesión de los norteamericanos hasta 1999). En Honduras, en cambio, al haber más consenso por parte del general Paz García no se habían creado fuerzas disidentes, ni tampoco en Costa Rica, a pesar de su marcado antisomocismo.

En palabras de Víctor S. Pozas, esta ebullición popular de gran escala tuvo lugar “en un contexto internacional favorable, propiciado por el énfasis distinto que la administración del presidente Carter (…) había imprimido a la política norteamericana del Tercer Mundo” (1988: 11). En estos países se pasó a difundir un discurso vago sobre la defensa de los derechos humanos, basada en la concepción clásica de la seguridad nacional de Estados Unidos, algo completamente contradictorio con su estrategia exterior. El peligro que veía Mc Carter era la expansión soviética y en función de este discurso, por tanto, se produjo un desapego a las dictaduras militares, que anteriormente mantenía a flote, y se dispuso a potenciar reformas para salir de estas mismas. Irónicamente, ayudó sin querer a las revoluciones antiimperialistas de 1979 en Irán (enero), Grenada (marzo) y Nicaragua (julio). No pudo evitarlo.

América Central nunca fue una fuente de interés económico, ni menos Nicaragua: constituía un 1% del comercio exterior norteamericano. Lo que hacía importante esa zona era su asentado cinturón armado que rodeaba la Cuenca del Caribe: 14 bases en el canal de Panamá, la base de Guantánamo en Cubo, el complejo antisubmarino de Bahamas… Años después del fracaso de Vietnam, E.E.U.U. volvió a fracasar al intentar enviar “una fuerza de paz” . Ronald Reagan aprovechó las divagaciones y contradicciones de la administración Carter, en declive, para acusarlo de promover el comunismo en los hermanos del sur y en el mundo. Al final, acabó por ganar las elecciones en favor de “la recuperación imperial hegemónica” (Pozas, S. Víctor, 1988: 13).

Sergi Saranga Reguera

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