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La Revolución Sandinista (II): Somocismo y la burguesía

 

Fotografía de Anastasio Somoza Debayle. Extraída de Migratin with the birds

Fotografía de Anastasio Somoza Debayle.
Extraída de Migratin with the birds

La dictadura de Anastasio Somoza Debayle, como en el caso de España, marcó una larga etapa en la historia del país durante el siglo XX: duró cuarenta y cinco años. Surgió en el 21 de febrero de 1933 y su presencia se impuso un año después con el asesinato del líder revolucionario contra el ejército estadounidense Augusto Sandino y la sangrienta eliminación de las Segovias, su zona de operaciones. A partir de entonces, se establece un cambio del sistema económico junto a la estructura de clases que provocará un profundo desajuste en el sistema político, el cual era irreversible, que se irá abriendo brecha hasta hacerse patente a finales de los 60 y que culminará con la victoria de los sandinistas (Molero, María, 1988: 10). En 1936 da su golpe de estado como representante de la Guardia Nacional contra el presidente Sacasa y obtiene a cambio el reconocimiento de Washington. Al cabo de seis meses gana las elecciones como candidato del Partido Liberal Nacional (PLN) con 107.000 votos a favor y 169 en contra. En 1956 muere a manos del patriota Rigoberto y le sucede su hijo Luís Somoza, de tal manera que la família siempre esté en el trono junto con su personalismo.

Los factores clave para mantener la hegemonía política y así permanecer en el poder según Víctor S. Pozas, de nuevo, fueron el control constante de la Guardia Nacional; el largo apoyo compenetrado del gobierno de Estados Unidos desde Hoover, quien lo asignó como Director de la Guardia Nacional, hasta Carter (“Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” como dijo Cordell Hull, secretario de estado de Franklin D. Roosevelt); una serie de pactos con la burguesía opuesta al dictador; y la represión de la clase popular (1988: 21). Esta burguesía tenía una estrecha relación con el Partido Conservador, y fue reiteradamente comprada en interés de Somoza mediante pactos como el de Somoza García-Cuadra Pasos en 1948, que permitía cierto poder estatal y beneficios. Como María Molero sostiene (1988: 16):

El poder de la familia fue ejercido de una manera casi absolutista a través de una amplia red de jefes militares, políticos, empresarios, grandes hacendados, jueces de mesta (autoridad rural), caciques locales, funcionarios y negociantes inescrupulosos, a los que otorgó protección y no pocas veces ayudó a enriquecerse.

No obstante, las crisis cíclicas del capitalismo en Nicaragua (su mercado nacional era muy débil) daban la oportunidad de intervenir al estado según sus intereses. Esto junto a los fraudes electorales de 1957, 1963 y 1967 dieron riendas a que el sector más extremo del Partido Conservador promoviese su reivindicación con Fernando Aguero como cabecilla y el lema “resistir como hombres”. A pesar de no contar con la ayuda de los norteamericanos, consiguen la renuncia de Luís Somoza, pero el gobierno igualmente sigue en pie y el 21 de enero la Guardia Nacional a las órdenes del somocismo ejecuta una masacre de cientos de manifestantes. Cuatro años después, en 1971, Aguero suscribe un nuevo pacto con la familia.

Ambos sectores estaban aparentemente satisfechos hasta la llegada del terremoto de 1972, momento en que los somocistas aprovecharon para manipular las ayudas internacionales y jugar en el sector económico de los burgueses, como en la banca o la construcción. Si ya se habían creado desconfianzas, el asesinato del líder burgués Pedro Joaquín Chamorro Cardenal a principios de 1978 provocó la discordia y la rebelión de sus seguidores, cosa que aprovechó la jerarquía católica, hasta ahora en silencio y a favor de Somoza. “Ya nadie estaba a salvo” se decía, y la muerte de Chamorro se convirtió en un símbolo de la lucha contra la dictadura. La administración Carter traicionó a la familia, se sumó a su oposición para frenar a los sandinistas y poco a poco los lazos fueron flaqueando. Ya por el año 1978 tan solo quedaba respaldado por la Guardia Nacional, que aguantó hasta el fin.

¿Pero por qué mataron a Pedro J. Chamorro? Cuando fue expulsado del partido conservador por oponerse al pacto de Fernando Aguero decidió crear la ANC: Acción Nacional Conservadora, formada por empresarios y productores medianos. Estos mismos en las elecciones de 1974, ganadas “sorprendentemente” por Somoza, clamaron un boicot con el eslogan “No hay por quien votar”. A partir de aquí se instauraron una serie de instituciones privadas de empresarios que demandaban la reforma estatal de la gestión pública. Es el caso del COSIP con su Primera Convención de la Empresa Privada. El sector político no tardó en reaccionar y a raíz de este discurso se creó la Unión Democrática Liberal. La llegada de los sandinistas provocó el estado de excepción entre 1974 y 1977, año en el cual se cedió a causa de la presión reivindicativa de los burgueses que se quejaban del abuso económico ejercido por el dictador. Sin embargo, para ellos los sandinistas también eran unos opositores peligrosos, y se animaron para establecer un diálogo con la dictadura, en vano. El asesinato se respondió con una huelga nacional para obligar a Somoza a renunciar, pero al no contar con la ayuda de la burguesía financiera ni del presidente Carter también fue en vano, sin por ello darse por vencidos. Meses después se creó la alianza burguesa más grande contra Somoza: el Frente Amplio Opositor (FAO). Sin embargo, la coalición popular posterior fue mucho más potente.

Sergi Saranga Reguera

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