Relat

Pere Mistral: alguien extrañamente sensible

K. Malévich: "Presentimiento complejo (Torso en camisa amarilla)" de 1932. Extraído de Museo Ruso

K. Malévich: “Presentimiento complejo (Torso en camisa amarilla)” de 1932.
Extraído de Museo Ruso

“Me he enamorado más de un restaurante que de una mujer” dijo en una entrevista Pere Mistral. Misógino, polémico, mezquino, pero artista después de todo, no ha dejado de salir en las portadas de todos los diarios del mundo en estos últimos días. Sus amigos más íntimos no niegan su mala educación y comprenden la mala fama que lo ha perseguido hasta su muerte. Sin embargo, no parpadean ni un instante al decir que era “un buen amigo” y “alguien extrañamente sensible”.

Nació en Barcelona, en 1976. Hijo de familia de clase obrera, estudiaba Economía mientras ganaba un pequeño sueldo en un bar cerca de casa, en Carrer Villarroel. Tanto profesores como compañeros lo tachaban de “pésimo estudiante” y de “un chaval poco hablador”. No llegó a conrear muchos amigos, ni siquiera acabó la carrera. Se fue a Moscú y no volvió hasta hasta cuando ya se había convertido en.uno de los pintores más consagrados del siglo XXI.

Lo que conocemos de Pere Mistral en estos años se difumina en una red de ambigüedades y pocos datos. En paradero desconocido hasta 1999, abrió una exposición en Múnich dentro de la Pinakothek Der Moderne. La sección era pequeña, apenas le dieron espacio para seis cuadros, pero la obra España es una pequeña-gran ironía de 1997 conmovía a todo aquel que entraba. La cara de la mujer al estilo Schiele contra el suelo y el hombre sentado, con el símbolo del euro en la cabeza, el abrigo de cuero de la Gestapo diseñado por Hugo Boss y las estrellas de la UE en la solapa hicieron más que sangre. Si en España hizo poca gracia el tema, en Alemania menos. Ninguna. La primera pregunta de su primera entrevista en los medios fue al respecto de la obra (de hecho, solo se habló de ella), y la pregunta era: “¿Por qué?”, a lo que él, que intuyó a qué se refería, respondió: “El arte es un dolor necesario, porque la verdad duele. El machismo es un arma política tanto como la economía, y no entiendo por qué se enfadan, soy yo quien se debería enfadar con ellos por lo estúpidos que son. Ignoran el arte. ¿Sabes lo que es el arte?”.

Personaje de múltiples incongruencias, a más de un biógrafo han llevado al manicomio por su culpa. Paradójico y siempre seguro, mal estudiante pero brillante en sus ensayos, defensor de los derechos humanos y crítico con ellos al mismo tiempo. Las entrevistas eran una tortura: uno de cada seis entrevistadores acabaron llorando delante de él por sus intimidatorias e inesperadas cuestiones. Al día siguiente recibían unas flores con una larga carta de disculpas, llenas de cumplidos por su labor.

Ya en 2003 fue profesor emérito en la Universidad de Columbia y meses más tarde profesor adjunto en Harvard. Despertó las simpatías de sus alumnos, al menos al principio. Los invitaba a su casa, hacía fiestas, les regalaba libros y llegó a ser uno de los profesores más populares. Sin embargo, no aprobó ni una sombra con él durante tres años. “Hijo de puta” y “gran profesor” son las opiniones más compartidas por sus alumnos. Obtuvo la cátedra en 2015, un año después de su famosa colección de “Vídrios y negro” en el M.O.M.A. , aunque la cátedra, según dice la universidad, no tiene nada que ver con esto. Su fama universal se consolidó con esta colección y Pere Mistral no paró de dar conferencias por todo el mundo, menos en España, a pesar de que lo adoraban (sobre todo en su ciudad natal, donde hoy en día se puede ver el rostro de la mujer de España es una pequeña-gran ironía en uno de los árboles de Ronda de Sant Pere).

Pero el verdadero enigma de Pere Mistral, como todos los lectores saben, no es éste. El 29 de enero de 2016, Catherine Mistral, su segunda esposa, fue hacia el estudio de su marido y en el suelo se encontró manchas de sangre. Pero no había cuerpo, lo único que había era un cuadro. “Lo vi haciendo la maleta, me dijo que se iba de viaje… yo pensaba que sería otra conferencia o algo así…”, dijo Catherine en la comisaría (y en la prensa) cuando le preguntaron por la última vez que lo vio. El cuadro, un hombre sin cara, o con la cara vacía mejor dicho, pretendía hacer comprender algo completamente incomprensible. La maleta estaba allí, no había dudas, pero era imposible hacerse a la idea de lo que estaba pasando. El famoso crítico de arte Bertol van von vin Nistelroyschen dijo que se trataba de una copia deleznable de la obra Presentimiento complejo de Malévich y que Pere Mistral era “un sicofante horrísono y execrable” mientras que la policía se limitó a decir que “desconocían el paradero del artista”.

Nadie salió de dudas hasta que en este 20 de febrero su amigo Charles Czuchry murió en el museo Pompidou en una discusión por lo visto muy violenta, donde la obra, Adiós, cretinos, contempló el crimen en su gira cultural. Una gota de sangre cayó en la pintura y la histeria fue televisada como un espectáculo. La gota se fue encogiendo en el “suelo” gris difuminado y poco a poco emergió de él un árbol carmesí. “Nunca hubo tanta gente en el museo, en mi vida he visto algo igual” dijo el director con lágrimas en los ojos.

El cuadro, calificado ahora de “gay-comunista”, no se considera famoso ni por su estética ni por su contenido. Los más cercanos al círculo del arte coinciden unánimemente en que no es su mejor pintura. “Pero el tiempo lo dirá”, dijo un historiador de arte con una sonrisa misteriosa. El cuadro es casi una fotocopia del de Malévich, salvo por el árbol. La gradación de negros es sutil y precisa pese a su tamaño, y el rojo resalta todas sus dimensiones. Se trata, al fin y al cabo, de una pintura diferente a toda su obra por su falta de ironía. Él definía la ironía como algo imprescindible para el arte “porque es lo que hace pensar”, como dijo en una entrevista con Mònica Terribas desde Lyon; y en uno de sus más famosos ensayos, Yo soy Arte, escribió que “la ironía es más fuerte que la belleza, pero no es tan fácil verla. Cuando un estúpido se hace una selfie con la Pietà, la foto que surge destruye parte de su armonía; sin embargo, si te haces una con la Fountain de Duchamp, esa broma horrenda, la misma obra se ríe en tu cara de idiota sin que te enteres”.

Algunos piensan que el hecho de que no haya ironía es irónico, otros son más partidarios de pensar que él, el último pintor universalmente conocido después de tanto tiempo, vivía en un estado de soledad entre las multitudes y que estaba en un constante enfado con el público por no apreciarle como deberían, como a un profeta. “Es el último Sócrates” dijo el líder del movimiento Antimordernismo, un movimiento surgido de la influencia del gran mago. Pero la última ironía, que es la más triste, es que el cuadro del Pompidou es una copia, como el del Prado: como estrategia de marketing, con el fin de obtener más visitas, todos los museos de arte lo han copiado y ahora nadie sabe cuál es el original (eso sí, están prohibidos los selfies). El último truco le volvió a salir por la culata, pero no manchó su belleza.

Hasta aquí el prólogo de este humilde servidor. Las obras que aparecen en este libro no están comentadas, ya que entendemos que eso alejaría al espectador de los objetivos del artista. Esperemos que sea de su agrado.

Sergi Saranga Reguera

 

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