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Pervertido Melville

melville tunejat

 

Mientras estaba cómodamente sentado, con las piernas cruzadas, sobre la cubierta, después de los penosos esfuerzos en el cabestrante, bajo un apacible cielo azul, y la nave se deslizaba serenamente bajo las velas indolentes; mientras bañaba mis manos en esos glóbulos leves y blandos de tejidos interpenetrados, recién coagulados, que se deshacían opulentos entre mis dedos y liberaban toda su abundancia, como la uva madura sobre el vino; mientras aspiraba ese aroma purísimo (que se asemeja al olor de las violetas primaverales), les aseguro que viví en una pradera musgosa: olvidé por completo nuestro horrible juramento, y en ese inefable esperma lavé mis manos y mi corazón; casi empecé a dar crédito a la vieja superstición de Paracelso, según la cual el esperma posee la rara virtud de aplacar el ardor de la ira. Mientras me sumergía en ese baño, me sentí divinamente libre de toda forma de mala voluntad, o petulancia, o malicia.
¡Exprimir!¡Exprimir! Durante toda la mañana exprimí ese esperma hasta que yo mismo me sentí fundido en él. Exprimí ese esperma hasta que se apoderó de mí una extraña especia de locura y me descubrí apretando las manos de mis colaboradores entre esa sustancia, confundiéndolas con los delicados glóbulos. Tal era el sentimiento desbordante de afecto, amistad y apasionamiento que provocaba esa tarea que al fin les apretaba sin cesar las manos, mientras los miraba tiernamente en los ojos como diciéndoles:«¡Oh, mis amados compañeros de vida, por qué hemos de seguir la más leve animadversión o envidia! ¡apretémonos todos las manos; más aún, apretémonos los unos contra los otros, apretémonos universalmente en la leche y el esperma de la bondad!».
¡Ojalá hubiese podido seguir exprimiendo ese esperma durante toda la vida! Pues ahora que, al cabo de muchas largas y repetidas experiencias he advertido que el hombre siempre acaba por reducir —o al menos por modificar— su idea de la felicidad alcanzable , sin situarla ya en alguna zona del intelecto o la fantasía, sino en su mujer, en el corazón, en el hogar, en la patria; ahora que he advertido todo eso, estoy dispuesto a exprimir eternamente el esperma. En los pensamientos de las visiones nocturnas he visto largas filas de ángeles en el paraíso, cada uno con una jarra de esperma en las manos.

(Traducción de Enrique Pezzoni)

 

 

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