El vecino del alcalde / Uncategorized

Falso crimen

-Siéntate. Bien, me lo han contado. No sé qué decirte, no lo sé. No entiendo por qué lo has hecho. No sé. Dime, ¿qué he de hacer yo contigo ahora? Tendré que expulsarte, no hay otra. Me sabe mal pero se te ha ido de las manos. No entiendo… No me lo esperaba de ti. ¿Cómo se te ocurrió? ¿Cómo pudiste? ¿No vas a decir nada? ¿No me vas a responder? Bien, como tú quieras. Ya está.

-No lo encuentro justo.

-¿No? Lo has matado.

-Yo no quería, yo simplemente me estaba defendiendo.

-Pero lo has matado, podías haber pedido ayuda a un monitor pero

-Pedir ayuda, monitor, ¿en serio? ¿Eso crees? En nuestras peleas no han servido, quien recibe siempre, siempre recibe y seguirá recibiendo.

-No es así.

-Es así, y la gente que pega no para de pegar.

-Me parece muy poco maduro lo que estás diciendo. Os lo hemos repetido infinitas veces, cuando pasa algo, una pelea o por ejemplo, tenéis que llamar a los monitores y se acabó el problema. Solucionado.

-Yo no lo creo así. ¿Sabes por qué quiero quedarme en esta edad? Porque yo ahora sólo estoy pendiente de los monitores y de nosotros y no tengo que estar pidiendo ayuda siempre a alguien para hacer algo. Si he de pegar a alguien, puedo hacerlo con mis manos y no pasa nada.

-Sí que ha pasado, has quedado expulsado.

-¿Por qué?

-Porque lo has matado.

-Yo no he matado ha nadie.

-Ya es tarde para decir mentiras, me han informado que estuviste en una pelea en el patio y que has acabado…

-Yo no estaba en el patio, estaba en mi despacho.

-Tú no tienes ningún despacho, ¿de verdad quieres jugar a esto ahora?

-Te digo la verdad.

-Muy bien, ahora voy un momento a buscar unos archivos y aprovecharé para traer un testigo delante de ti, a ver qué dices.

 

Se levanta. Abre la puerta de un leve empujón y a pasos rápidos sobrepasa el estrecho pasillo que conduce a las escaleras. Escalón por escalón, despacio, hasta el primer piso. La luz fosforescente parpadeaba, los despachos estaban insonorizados: a primera vista todo parecía muerto. En la segunda desviación del pasillo se desvió hacia la derecha y allí encontró sus amigas de profesión:

 

-Hola, ¿qué tal?

-Hola, lo tengo en mi despacho, dice que no ha matado a nadie, que estaba en su despacho.

-¿Y por qué vienes aquí?

-Tu has sido quien me lo ha dicho, ¿no?

-No, no te he dicho nada yo.

-¿Cómo que no?

-Yo no tengo presente el hecho de haberlo visto en el supuesto acto, lo desconozco.

-Pero si antes lo has dicho.

-Vuelvo a repetirlo, yo no estuve en el momento del supuesto acto.

-Crimen, dirás.

-Bueno… No soy quien…

-¿Matar a alguien no es un crimen?

-Solamente digo que yo no estaba presente allí cuando ocurrió el cometido.

-¿Y tú? ¿No estabas allí?

-No, no soy monitora.

-¿Y quién estaba?

-Javier.

-Pásame el número por favor.

-No sé si dispongo de esa información.

-¿Cómo que no dispones?

-La desconozco.

-Es igual…

 

Dio un portazo contra la puerta y aceleradamente subió las escaleras. En el momento en que alzó la cabeza y al atravesar la fina línea que separa pasillo y despacho él estaba en su sillón, tenía una hoja en la manos que poco a poco dejó reposar en la mesa. La espalda la recta, los ojos mirando fijamente a los suyos y la gesticulación vacía de un empresario anónimo.

 

-Buenas tardes, siéntese por favor, la estaba esperando.

-¿Qué? Sal de ahí.

-No, por favor, siéntese.

-No, levántate tú.

-Podríamos alargar indefinidamente esta conversación pero creo que a ninguno de los dos nos favorecería. Si se sienta o no será por su propia decisión y, por tanto, voluntad, yo ya me he encargadado de hacer uso de los métodos protocolarios de una “buena bienvenida” para una reunión. Voy al grano. Usted me acusa de que yo he hecho un acto temerario como el de sustraer la vida a un cuerpo, pero yo le aseguro que estaba aquí, en mi despacho. Dado que usted no trae ningún testimonio para corroborarlo he de entender en consecuencia que no hay testimonio alguno, es decir, que es una treta suya para inculparme, lo cual considero ofensivo, pero mi carácter me obliga a ser cortés con usted puesto que ha recibido una supuesta información del falso cometido, ¿o se la inventado? No me responda ahora, por favor. A lo que voy es que a ninguno de los dos nos puede favorecer mi desahucio de estos cimientos, mi casa profesional, la patria de mi trabajo. Este intento de asalto promovido por usted, voluntario o involuntariamente, es como un pequeño embrión que si da a luz en la sociedad causaría verdaderos estragos, ¿me entiende? Y creo que no es el momento de sembrar la catástrofe, ¿o sí? ¿O es eso lo que quiere? ¿O sería usted capaz de desgarrar y destripar la imagen que después de tanto tiempo ha construido este referente de la educación por el simple y gratuito mal? Yo creo que no. La considero una buena trabajadora, por eso ha llegado hasta donde ha llegado, sin lugar a dudas. Pero, considerando los hechos que han sucedido, creo que debería retirarse y aceptar su error delante del público. No debería hacernos daño, creemos en usted, no nos defraude. ¿Sabe quién es mi padre no? No haga de este mundo un lugar más triste.

-Pero…

-Nos haría un gran favor si se sacrificara, es lo mejor para todos.

-Yo…

-No sé si lo recuerda, pero está sola.

 

Sergi Saranga Reguera

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s